viernes, 31 de octubre de 2008

Diálogos internos

Diálogos internos

---Celia Rivera Gutiérrez
http://rosadeojostiernos.blogspot.com/

Diálogos internos
Que no me dejan en paz
Recordante con resentimiento
Por el dolor que me causas

Murmullos de mi mente
Que se repiten una y otra vez
Pidiéndome que me acerque
Y olvide el ayer

Tengo resentimiento
No lo puedo evitar
Así, tú retornaras
No te volvería a aceptar

Las flores y la música
Nada podrán borrar
Con ellos me conquistaste
Y mira lo que dejas

Violines y amatistas
No me permitan caer
De nueva cuenta
En sus brazos como ayer

miércoles, 29 de octubre de 2008

Resentimiento

¿Cinco años ya?

¡Madre mía! ¡Quién me viera!

Pareciera

que cinco años en segundos se van.

En fin, pareciera.


Ando por las mismas calles de antaño,

conociendo cada adoquín,

cada ruido y número en el portón.

¡Qué extraño!

Que sólo sea aquí

donde exista este olor.

Este dulce olor que trae recuerdos

de un pasado mejor,

de un pasado lejano y mejor.

Todo congelado,

conservado,

como en espera.

Como queriendo que el amor volviera.


¡Qué sinsentido! ¡Qué poco apropiado!

Cinco años ya, ¡quién me viera!


A cada paso, una palabra.

A cada rincón, un beso.

Solíamos escondernos de la ciudad y sus habitantes.

¿Será que idealizo lo que ocurrió?

Será… sí, será eso.


No sé si los pasos que oigo son el eco de los míos

o si son los suyos que en cada esquina me esperan,

que andan cinco años por delante de mí y aceleran.

¡Bah! Vaya lío que tienes en la cabeza.

Vaya lío.

Tenía que haber cogido el abrigo que hace frío,

pero me empeñé en llevar su chaqueta.

Tonterías a mis veintiséis ya no pegan.

¡Hay que ser más discreta!


Voy a ir más rápido a ver si lo pillo.

A ver si me lo encuentro esperando en una esquina,

Sorprendiéndome como siempre hacía, el rubillo.

¡Cállate ya! ¡Qué pesado es tu coco cuando imagina!


No lo entiendo.

Te juro que no lo entiendo.

Impotente por no poder controlar ni lo que pienso.

Pero si en realidad te cae mal,

si no supo luchar por ti, el muy cobarde.

¿Por qué entonces te arde

que quieras volverle a hablar?

Por cobarde, ni siquiera sabes por qué acabó.

Por cobarde, te sientes mal contigo cada día.

Por cobarde, el muy cobarde ni sabría

explicarte lo que hace tanto ocurrió.


¡Me pone enferma!

Enfadada y con ilusiones.

¡Mecachis! Me voy a dar la vuelta.

Esta claro que no fue buena idea

volver aquí aunque sea

el único que entendería mis razones.

Es que no lo entiendo,

¡Te juro que no le entiendo!

Que siga pensando en él

después

de que todo aquello ocurriera,

no lo entiendo.


Seguramente creerá

que podrá leerme la mente,

que sigo siendo una niña.

Creerá

que me conseguirá fácilmente.

Iluso.

Pedante.

Pues que se vaya olvidando

porque antes

de que pueda hablar

pienso dejarle claras las cosas.

Verá,

que ya no funcionan,

que nunca más funcionarán

ni la música, ni el paisaje ni las rosas.




Se va a enterar.


Esta casa me suena.

¿He llegado ya?

Qué poco he tardado,

no tengo nada preparado.

En fin, valor que voy a llamar.

¿Estás segura?

No lo tengo tan claro.

¡Bah! ¡Llama ya!


¡Ding Dong!


¡Joder!


¿Y ahora qué hago?

miércoles, 22 de octubre de 2008

Enfado

Rápido,
descuelga el teléfono
antes de olvidarlo.

Árido
mi paladar
al intentar retenerlo.

Sabe ácido.
¡Tan evidente y no supo verlo!

Y por eso te odio irracionalmente,
por quedarme solo,
por ser tan difícil la vida sin ti.
Por quedarme solo.

¡Exprésate boca, que suena el pitido!
Prepara el discurso que vas a soltar.
Me lo hubiese impedido,
de haberlo sabido,
habría esperado unos cinco años más.

¡Mierda! Estos reproches son un infierno,
esta espera, una condena.
Mis voces, mi indecisión.
¡La rabia me quema
mientras espero a que descuelgue el teléfono!

Me harté...

¡No sé resistir!
¡No puedo aguantar!
Quizás me rajé.
La ocasión estaba ahí
y no pude esperar.
Supongo que tendré que volver a morir
esta noche y volver a pensar.
Pensar en lo que hice,
en lo que gané,
en lo que perdí,
otra vez.
Unos cinco años más.
Otros cinco años más.

¡Cada cinco años hablando solo,
sobre lo mismo!
¡Cada cinco meses, en mi cuarto y, sólo
por lo mismo!
¡Cada cinco semanas, cada cinco días, cada cinco horas
pensando en lo mismo!
A rastras por lo mismo.

Cuelga el teléfono.
¡Qué digo cuelga!
¡Arráncalo de la pared!
¡Traga saliva y sacia esa sed!
¡No vale la pena
ni la patada que das a la cama,
ni siquiera tu puño en la pared!
No vale la pena,
no quieres dar pena,
no pienses cejar,
es tu fuerza de voluntad,
es tu empeño...

es tu condena.

¡Ni de coña me rindo!
¡Ni de coña dejo que mi debilidad acabe con ella!
¡Ni de coña me vuelvo a dejar llevar
por el verde, las plumas y las estrellas!

¡Manda huevos tener que recuperar tu ángel!
¡Manda huevos tener respeto por quien lo robó!
¡Manda huevos ser una simple mitad de algo!
¡Manda huevos llevar tanta razón!

Y por eso te odio irracionalmente,
por quedarme solo,
por ser tan difícil la vida sin ti.
Por quedarme solo.





Ya no me importa.

No sé si es la costumbre o las ganas
de querer poder querer.
Y mi suerte no acierta.
Y mi buena intención
por mi odio descubierta.
Mi cabeza harta de tener
lo que no quiere y no poder
querer lo que no quiere
tener.
Otra vez, la misma herida abierta.
Y mi suerte no acierta,
y mi suerte no acierta.

¡Ding Dong!

¡Joder!

¿Llaman a la puerta?

viernes, 10 de octubre de 2008

Raúl

(Esta continuación a la anterior entrada "Raúl" la ha escrito Swan. Insisto en alentar a todos a que continuéis con las entradas y así convertir este espacio en algo de todos).

Al día siguiente se fue de paseo por la ciudad de Ipanda puesto que no era día de clase. Era miércoles, un perfecto día de descanso situado justo en el medio de la semana para rescatar las energías empleadas. En el camino hacia clases, se limitaba a meter su mente en su mundo, mientras que los días de descanso incorporaba también su cuerpo. Ahí sí que no había prisa, solía jugar a pisar las losas de los mismos colores, si es que las habían, y sino a saltarlas de dos en dos evitando tocar las separaciones.

Raúl era simplemente Raúl. Un tanto excéntrico, algunos le llamaban demente, otros genio, pero las chicas las tenía siempre a sus pies. Siempre las hacía reir. Y la risa, aunque sea breve, hace que las personas se caigan bien. Por ello, el gran punto a favor que tenía Raúl era el tener un inmenso carisma con el cual se ganaba el respeto y simpatía de todos. Claro estaba que a uno un poco más feo y falto de gracia, ya le habrían excluido de todo: el mundo es así...a uno le tratan como le ven.

A menudo observaba la gente...gente desconocida en la que reconocía gestos conocidos. Los gestos de su vieja abuela, las miradas inquisitorias de su madre, y la sonrisa de su vieja amiga. Y así buscaba siempre pedazos de rompecabezas para formar las imágenes de quienes tenía lejos y quería cerca. De repente, una símil voz de su padre le llamó la atención y cambió de rumbo su camino por la ciudad de Ipanda. Era un señor pobre hablando con su perro y su emú. Era absurdo y le recordaba un poco el personaje de Sans famille...

A Rául le fascinaba lo absurdo, se trataba realmente de fascinación. Pero en este caso, la cuestión iba un poco más allá: se percataba que ese hombre era tan puramente un relicto de una especie que Ipanda núnca había conocido. Aunque francamente, lo más absurdo de todo esto, no era el hombre en sí, sino que nadie se escandalizaba, nadie lo veía, nadie veía que había una cara nueva allí. Fue ahí que comprendió ser el único humano en tener la facultad de ver semejante hombre.

Por una vez no había inventado ninguna historia extravagante, la historia había llegado a él, en su día a día. El plan que tenía pensado formar, se esfumó nublado por esta fascinación. Sin embargo, no quiso seguir el hombre, lo dejó ir, tranquilo en su camino, con sus pasos y con su aire, con sus bolsas y sus animales.

El destino le había ofrecido algo diferente que finalmente pudiese estimular su vida. Y como destino es, todo está escrito ya. Maktub. Y si tendría que volverlo a ver, lo vería.

Un reparto oculto de su curiosidad había finalmente despertado. Durante el día pensaba entre las nubes y durante la noche consultaba con su querida almohada de lana. Esa almohada en la que tantos años había reposado su cabeza, habiéndola llevado consigo desde muy temprana edad. Y por ende, guardaba ella todos los sueños que había tenido desde su maravillosa infancia. Era un tesoro muy suave y perfectamente guardado, puesto que nadie jamás habría imaginado lo que se guardaba entre cada nube de lana.

jueves, 2 de octubre de 2008

Romance

Esta es mi aportación a un soneto muy bonito que vi en un blog que recomiendo a todas y todos. Una de sus entradas me inspiró, pero el blog entero es bonito.

http://unpoema-unavida.blogspot.com


ROMANCE

Al igual que un incierto concertista
que en la noche interpreta una sonata,
el cielo se ha vestido de amatista
y en invierno descarga su tocata.

Musitas a mi oído, cual solfista,
los versos que embriagan como nata
y yo cual aprendiz de sonetista
te recité un relámpago escarlata.

Me amparas, delicada violinista,
y la lluvia se vuelve serenata
que deleita a este amor seminarista.

Cada vez que te miro se desata
vendaval de pasión romanticista
que nos lleva hasta el cielo, donde mata.
--Olga San Isidro--



Toca mis palabras en tu piano
y haz fluir por mi piel tu melodía.
Construyamos las vigas de armonía
de esta dulce pieza a cuatro manos.
Alzando un glissando regalamos
al cielo nuestro mágico rondó.
Deseo salir de mi boca en La menor
y entrar al Do mayor en anacrusa
cogido de tu violín y de mi musa
y un beso haciendo coda en la canción.

--Neverknowsbest--